Este año del 13 a 19 se conmemora la Semana Mundial del Parto y Nacimiento Respetado bajo el lema “El poder de parir está en vos”. Para llevar adelante un embarazo y un parto respetado es necesario develar actitudes o tratos de los profesionales e instituciones de la salud, que van en contra de los derechos de las mujeres durante el parto.

En un artículo publicado por

La Nación

especialistas indican que un buen lugar para comenzar es desnaturalizar todo tipo de violencias y reconocer

“microviolencias” obstétricas,

es decir pequeños y sutiles ejercicios de poder sobre las mujeres y sus cuerpos que son bastante comunes. A pesar de ser moneda corriente, este tipo de violencias a veces pasan desapercibidas, pero generan mucho daño a quienes la sufren.

Según el relato de las especialistas consultadas Adriana Spinedi, licenciada obstétrica y Violeta Osorio, activista por los derechos del nacimiento, destacan que uno de los actos de violencia más comunes es atender a las embarazadas un tratamiento de enfermas. Es común que, cuando se habla del embarazo en el ámbito médico, se mencionen los “síntomas” del embarazo o del trabajo de parto, aun cuando se tratan de parámetros que están dentro de un proceso normal.

A pesar de que el derecho a un

parto respetado está resguardado por la Ley nacional 25.929,

muchas veces  reciben comentarios del tipo “¿estás segura de que te la vas a bancar sin anestesia?”, “No entiendo por qué razón querés parir como una india”, agregando a la descalificación un tono encima racista. No se trata de “bancársela” sola, ni se es precaria o inconsciente por el deseo de atravesar un proceso lo menos medicalizado posible. Existe una sistemática desvalorización por parte del equipo médico, y muchas veces de la sociedad en su conjunto, hacia nuestra capacidad física y emocional para atravesar el embarazo y el parto sin riesgos y de manera sana.

La despersonalización también es una forma sutil de violencia. Más allá de la intención real del equipo médico (que puede hasta no darse cuenta por ser la manera en la que suele proceder de manera automatizada) es necesario que seamos nosotras quienes elevemos la voz y pidamos ser tratadas por nuestro nombre, ya que no somos “mamita”, ni somos un número.  

Otra forma de violencia sutil es cuando las mujeres embarazadas quedan invisibilizadas en el quirófano, ya sea por un parto natural o por cesárea, obligándonos a escuchar conversaciones por parte del personal médico que nada tienen que ver con nosotras, olvidándose de que también estamos presentes y de que sus palabras e inquietudes pueden afectarnos.