Germán Daffunchio, el viejo sabio

-Y viste cómo es la muerte ¿no? La gente queda viva en el corazón de cada uno. Germán Daffunchio pone en palabras un sentir que dio vueltas en los últimos días en el rock argentino, cuando el domingo se cumplieron once años de la muerte de su amigo y compañero de banda, Alejandro Sokol. Desde…

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-Y viste cómo es la muerte ¿no? La gente queda viva en el corazón de cada uno.

Germán Daffunchio pone en palabras un sentir que dio vueltas en los últimos días en el rock argentino, cuando el domingo se cumplieron once años de la muerte de su amigo y compañero de banda, Alejandro Sokol.

Desde las sierras de Córdoba, donde vive alejado de las ciudades que lo sofocan, el músico de Las Pelotas habla por teléfono. Su voz es dulce y pulposa como un durazno, y sus palabras son pausadas hasta cuando describen la boludez humana, quizás lo que más le molesta. A los 58 años, Daffunchio es un viejo sabio del rock argentino.

Y como todo viejo sabio dice verdades, narra historias y se pregunta por interrogantes que jamás se va a poder responder:

– Siempre me va a quedar la incógnita de dónde hubiera terminado Sumo si Luca no hubiera muerto. Sumo era una banda muy grosa. Muy grosa.

-¿Hubo una banda más grosa que Sumo en el país?

-No. Puede ser que haya habido muchas bandas más exitosas comercialmente o con músicos más lindos, preocupados por seducir a más mujeres, pero bandas como Sumo, no. Imposible.

-¿Por qué?

-Porque jamás nos movió la cosa de querer ser exitosos, de triunfar. Tocábamos porque descargábamos nuestra vida a través de la música. Era una banda sanguínea, visceral. La única banda que se puede aproximar a Sumo es Las Pelotas. No me refiero al tipo de música, te hablo del espíritu, de las causas que mueven las cosas.

-¿Y cuáles son esas causas en Las Pelotas?

-Nosotros priorizamos lo que cada uno siente que hay que tirar para afuera. La música como una verdadera terapia, siempre. Estamos más allá de lo comercial y de lo anti comercial, de lo que vende o de lo que no vende. Nosotros somos como somos y la gente que nos sigue es porque siente cosas parecidas a la nuestras. No tratamos seducir a nadie.

Las Pelotas. Foto TN



-¿Qué genera en vos esa conexión sincera?

-Responsabilidad. Hay un momento en que tomás conciencia de lo que puede ser una canción en la vida de la gente. Y empezás a tratar de comunicarte mejor, de ser más claro en lo que estás diciendo. Es emocionante. Muchas veces me han parado para contarme algo que les pasó con una canción de Las Pelotas.

-¿Podrías contar alguna de esas historias?

-Un día me escribió un pibe. Me dijo que en la cancha de Boca había caído en muerte súbita. Había tenido un paro, estuvo muerto un minuto. Mientras lo revivían con un desfibrilador, los amigos le hicieron escuchar Las Pelotas. Me dijo que nosotros lo habíamos traído de vuelta. Cuando suceden esas cosas, sentís que movilizás.

Alejandro y Germán, en el recuerdo.



Y Las Pelotas moviliza. Moviliza recuerdos en Daffunchio: “Alejandro quiso vivir como vivió y murió como murió”.  Moviliza el agite político de su mirada continental: “el gran plan fue siempre usar los recursos de Sudamérica”. Moviliza la maravilla de lo cotidiano: “cuántas veces nos hemos sentado a tocar la guitarra”.

Moviliza el próximo disco que la banda está grabando en estudio, el número 11, del cual hay dos singles editados: Dando vueltas y Nadie fue, y que Daffunchio califica como “un discazo”.

Y moviliza, claro, a las 3000 personas que espera la organización del festival Rock en la Montaña para el concierto que brindarán el sábado en Tafí de Valle, donde también se presentan más bandas de rock. Pero:  

-¿Qué es una banda de rock?

-Una banda de rock tiene que ser un grupo que se aprecie, que se quiera. Si pueden ser amigos, mejor. A partir de ahí, tienen que hacer buena música. Cuando uno enfrenta al mundo del espectáculo, tenés que estar muy unido para no caer, para que no te volteen. Por eso lo fundamental es la amistad: estar mirando para el mismo lado y apuntando las mismas flechas para el mismo lugar.  Porque si vos te vas por tu propio camino y el otro se va por el suyo no sos una banda, sos un montón de músicos que decidieron llamarse de la misma manera. O sos una de esas bandas que son más parecidas a una Sociedad Anónima que busca ganar acciones más que a otra cosa. O sos un solista, y esta país está lleno de solistas.

-¿Y alguna vez te pintó ser solista?

-¿Solista? ¿así como Fito Páez, yo cantando mis temas y los músicos atrás persiguiéndome?

-Sí, así.

-No.

-¿Hay más allá de Las Pelotas?

-Desde hace un par de años estoy haciendo un disco con mis hijos y algún día lo voy a lograr. Es un placer personal. Ellos tocan también.

-Leí por ahí que tus hijos se encontraron con Sumo por cuenta propia.

-La gente de Las Pelotas tenemos hijos y todos nuestros hijos han crecido entre bafles y cables. No quiere decir que van a ser músicos, pero ellos saben de qué se trata nuestra historia. Luca le cantaba canciones a mi hija cuando era chiquita y ella lo miraba. Era un momento de casa, normal. No existía eso de pensar tengo que grabar esto para subirlo a las redes.

-¿Qué pensás de esas exposiciones?

-Que las redes sociales están creando un arquetipo de ser humano totalmente superficial. En su look, en su tuneada, en su pelito, en su tatuaje, es una moda que ha invadido el mundo. Estamos invadidos de reguetoneros que están muertos de ganas de garchar, y además tienen fama de grandes cojedores.

Daffunchio se ríe. De los reguetoneros de pelito lindo, su cabeza vuela desde las sierras hasta la ruta provincial 307, el camino a Tafí del Valle. El músico recuerda el paisaje selvático del camino.  Y pregunta:

-El concierto es al aire libre ¿no?

-Sí.  

-Qué lindo. La naturaleza es parte fundamental de mi vida.  Todos los años tocamos en el Cosquín Rock y es algo parecido a esto, en el sentido que estamos al lado de la montaña, compartiendo el verde, el aire, la aventura.

Daffunchio en concierto. Gentileza Las Pelotas.

-Y en el otro extremo ¿cómo ves las ciudades argentinas?

-Una cosa es Buenos Aires y el gran Buenos Aires, que parece ser una parte distinta de Argentina. Y otra cosas son las otras las ciudades del país. Cada provincia tiene su realidad, su magia y su tragedia. A mí particularmente las ciudades no me gustan, sobre todo las que están mal hechas, las que no tienen infraestructura para albergar a tanta gente. Eso genera marginalidad, pobreza.

-Para esto debería haber una respuesta política.

-Argentina tiene que preguntarse qué país quiere ser. Durante años he vivido siempre lo mismo; siempre son los mismos. El país debe ocuparse de hacer trabajar las mentes. Me parecen bárbaros los movimientos sociales como respuesta porque uno de los mayores problemas que tenemos es que mucha gente mira para otro lado.

-¿Qué pensás del amor entre las personas?

-Desde hace mucho tiempo que el ser humano ha tenido como prioridad la guita, después viene el amor, todo lo demás. Por estos días, el amor suena como pasado de moda en un mundo donde todo es información, información y foto, foto y foto, y mirá lo que estoy haciendo. Habría que sacarse la careta, muchos se visten de religiosos y solidarios pero cuando tienen que ponerla, por amor o por lo que sea, se hacen bien los boludos.

Daffunchio habla, otra vez, de los artistas que hacen cosas para que digan “qué hermoso es esto”. Opina, en tono agrio pero siempre pausado -su voz quizás se vuelve como un limón- y dice que la gente tiene sus gustos y si les gusta eso se tiene que respetar.

Mientras tanto, siempre, Las Pelotas. Y esta vez en la montaña, en el aire que respira profundo Germán Daffunchio.  

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